A QUIEN ME ROBÓ LA INFANCIA: NO LO HAGAS OTRA VEZ

Por Daniela Dena

Correo de contacto: escdenadaniela@gmail.com

Con nueve años, querías ser astronauta, maestra, chef, cualquier cosa sin pensar en roles de género ni imposibilidad de alcanzar un puesto en una empresa.

Tenías diez años cuando comenzaste a sentirte incómoda con el bello que crecía en tus piernas. Tus compañeros hombres te ponían apodos que podían ser realmente crueles para una niña inocente que no hacía absolutamente nada fuera de la ordinario, sólo pasaba por los cambios del cuerpo humano.

Tienes once, cejas despeinadas y aún no te quedan los sostenes. ¿Por qué a mi? Es la pregunta habitual.

Así pasas de un año a otro, esperando los cambios, buscando llenar expectativas impuestas por alguien que no eres tu. Hasta que de pronto llega un momento en el que no queda nada de la niña de nueve años con metas, sueños y aspiraciones que vivía su vida sin pensar en aquello que tenía que hacer por “deber”.

Tienes quince y una primera cita. No te sentías lista para mantener relaciones sexuales y tu noviazgo llegó a su fin mucho antes de comenzar. ¿Por qué a mi? Es la pregunta habitual.

Tu primer empleo, fuentes de oportunidad y posibilidad de crecimiento laboral dentro de la empresa, hasta que notas que mientras más alto el puesto, menos mujeres al lugar. ¿Por qué a mi? Es la pregunta habitual.

¿Qué deben escuchar las niñas y mujeres del mundo al hacerse esta pregunta?

“No se nace mujer, se llega a serlo” palabras inmortales de la autora Simone de Beauvoir cargadas de significado que resuelven la pregunta en cuestión: ¿Por qué a mi?

Ciertamente, al alcanzar los diez años de edad se avecinan cambios para todas y todos, aunque claro, aquellos cambios se convierten en diferencias entre géneros. Beauvoir tenía razón, la mujer no nace, porque a los nueve años tú aún querías ser astronauta antes que tu urgencia por comenzar a depilarte, porque en el imaginario colectivo no puedes ser astronauta mujer sin depilarte, tú aún no pensabas en el arcaico tabú que relaciona la menstruación con el cambio que lleva a una niña a ser adulto aunado al crecimiento de áreas de tu cuerpo.

Hoy me tomo la libertad de ajustar las palabras de Simone para un mayor entendimiento de la sociedad patriarcal que aún tiene lugar: el género denominado como “mujer”, se construye a partir de lo estipulado por el sistema patriarcal que dicta lo que es ser un hombre, y todo aquello que salga sobrando es lo que le corresponde a la mujer como calificativo.  

Fuerte, eficaz, inteligente, capaz, independiente, son denominaciones asociadas con el género masculino, no por nada la RAE hasta el año 2017, denominaba sexo débil al “conjunto de mujeres”, entonces los sobrantes son débil, incapaz, dependiente, tonta. Es fácil entender entonces porque el estereotipo de la rubia tonta es tan popular.

Es cierto que existen diferencias biológicas entre hombres y mujeres, sin embargo, esto no justifica sus gustos, preferencias o habilidades; tampoco fomenta los complejos a los que se enfrentan por sentirse “menos” por no llevar las piernas depiladas.

Tenía diez, cuando mi nombre ya no era el carnet que identificaba mi persona como única e irrepetible, tampoco lo hacía mi desempeño escolar ni los reconocimientos que me otorgaban por jugar basketball, comenzaron a reconocerme por ser la niña que seguía luciendo como niña cuando apenas tenía diez .

De repente yo también comencé a dudar, “tendré un mejor trato cuando crezca”, en mi inocencia lo pensé. Crecí, todo sigue igual.

El sistema me robó mi infancia, mi inocencia, mis ganas de disfrutar lo que el mundo me ofrecía en ése entonces. Golpes pequeños pero constantes, violencia psicológica y emocional resguardada en el anonimato llamado “normalidad”.

Crezco, y afortunadamente soy de las que ahora se dan cuenta de todo aquello que el sistema les robó, cuando sólo se preguntaban constantemente ¿Por qué a mi? Y continúa.

La niña que ves sentada en el parque quiere ser una de esas figuras del pop con millones de reproducciones de YouTube, quiere tener 18 e ir a clubes nocturnos, bien, experimentar en natural, se trata de liberación y romper estigmas que ordenaban a la mujer no salir de su casa. Sólo no olvidemos que este deseo del que hablamos se encuentra en la cabeza de una niña de diez. ¿Por qué ella?

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