NO SOY NAZI, SOY FEMINISTA

Por Daniela Dena Correo de contacto: escdenadaniela@gmail.com 

Hace unos días asistí a una fiesta de cumpleaños, donde, por razones que aún desconozco, comenzamos a hablar un poco sobre activismo social; digo un poco porque todo resultó absolutamente superficial. 

En ese corto encuentro, hubo destellos que desviaron mi atención de aquello que estaban diciendo para concentrarme en las repercusiones que podría haber si llegaran a tener un mayor alcance, pues, de alguna manera, el tema del que estábamos hablando se vio fácilmente desviado y sobajado. 

Recuerdo haberme dirigido a colegas, hombres todos, y dije: “respeto tu opinión, pero yo sólo puedo hacer esto por ti: tolerarla y digerirla, porque amigo, esta no es tu lucha. Tú y yo no podemos debatir, ni compartir ideas de cambio, y no porque que no tengas la capacidad para hacerlo, pero ciertamente no es a ti a quien le corresponde. Tú has vivido toda tu vida bajo un privilegio, el de haber nacido hombre. Y claro que el sistema patriarcal te oprime a ti también, pero hablar de igualdad es invisibilizar las razones de género por las que nosotras hemos sufrido desde que se nos asigna un color al nacer”, a lo que añadí, parafraseando a Alexander Ceciliasson “tú, desde tu postura como hombre, claro que puedes apoyar. Apoyar escuchando, comprendiendo, aceptando y difundiendo lo que nosotras queremos decir. Es nuestra voz la que debe escucharse, los antecedentes históricos muestran que a ti ya te han escuchado, soy yo la que debo levantar mi propia voz”. 

En ese momento me convertí en la bruja del cuento, lo noté en sus rostros y en la forma en que sus ojos se posaban sobre los míos, “nos corresponde a todos” o al menos eso dijo uno de los presentes, pero ¿así era realmente? ¿de verdad querían apoyar al movimiento? O ¿fue sólo la respuesta a haberse sentido imposibilitados de hacer algo? 

En cuestión de segundos ya se hablaba de antiguos movimientos sociales, de igualdad, de economía y religión, por lo que destaqué “la lucha feminista ha tenido una enorme trascendencia sin violencia” … Nadie pareció escuchar o no querían hacerlo. 

Fácil y rápido, son las palabras exactas con las que puedo describir la manera en la que mis opiniones dejaron de tener sentido, al igual que la de muchas mujeres que no pueden expresar las suyas porque la ley no se los permite, porque de hacerlo podrían despedirlas, porque ella es un objeto decorativo en la fiesta, una acompañante, no un ente pensante con voz y decisión, convicciones, gustos y personalidad.

Ser una mujer autónoma no me hace tu enemiga ni tu rival, tampoco busco sobajar tu persona. Defender mis derechos universales, los cuales se me han negado por razones absolutas de género, no me hace nazi ni estoy encabezando un movimiento separatista, porque luchar por mi libertad genera un cambio sobre la tuya también.  

No voy a callar. 

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