EL PEOR ENEMIGO DE UNA MUJER

Por Daniela Dena Correo de contacto: escdenadaniela@gmail.com 

Tenía aproximadamente ocho años cuando me juré a mi misma no tener amigas porque me “llevaba mejor con los hombres”. Probablemente, en ese momento lo pensara así debido a que cuando estaba con mis amigos, que sin duda superaban  en cantidad a las niñas que estaban en mi curso (tercero de primaria quizá), los escuchaba decir que las chicas eran torpes, chismosas por naturaleza y el sexo débil, pero lo que más recuerdo son las burlas al verlas pelear entre ellas. No importaba cual fuera la razón, todos teníamos ocho años, quizá la chica de al lado tenía la misma libreta decorada y eso era sinónimo de enemistad absoluta, porque claro, nosotras siempre teníamos que demostrar ser mejor que la chica que se encontraba a nuestro lado, cuando a los hombres se les ha inculcado el valor de la hermandad. 

Estoy segura que esto se debe a la nula inclusión de las mujeres en actividades en equipo, prque claro que en estos últimos días hemos visto la representación de las mujeres en el campo de fútbol, y vaya que me da gusto, pero hace unos años no existía difusión de ello. Los niños jugaban fútbol, béisbol y nosotras competíamos por demostrar quien era la más bonita. 

Pasaron los años y las cosas empeoraron. Recuerdo la pelea entre dos de mis compañeras porque el novio de una de ellas le había sido infiel con otra chica del salón…teníamos nueve en ése entonces. A muy temprana edad la prioridad que nos habían inculcado era la de ser una buena chica que no anduviera en boca de los hombres, sí, de los mismos que nos llamaban tontas. 

Conforme fui creciendo me di cuenta que algo no andaba bien, entre las chicas había una competencia de la que no se había hablado, pero que siempre mantenía la tensión en el lugar, con una constante: los espectadores. Cuando crecí un poco más, esto se volvió más evidente, pues llegué a presenciar agresiones físicas de mujer vs mujer mientras los chicos de mi secundaria estaban gritando a su alrededor, grabando todo el acto con sus teléfonos celulares, y en unas horas muchos de ésos vídeos terminarían en una plataforma como YouTube o Facebook, con un título denigrante como “Dos zorras peleando por mi”. Poco creativo, ofensivo, e inspirado a partir del título de videos pornográficos. Dato real, ése nombre si existió, si estuvo en las redes sociales, y una de las chicas terminó tan afectada luego de que sus padres lo vieron, que tuvo dejar la escuela. Desconozco si continuó con sus estudios. 

Poco después de ello, tuve la suerte de toparme con mujeres que me enseñaron lo equivocada que había estado unos años atrás, pues si bien, yo ya no era ésa niña, estaba en un limbo. Aprendí lo que era el compañerismo, la verdadera amistad y honesto cariño por alguien que no es tu misma sangre.

La primera vez que escuché que alguien decía que el peor enemigo de una mujer era otra mujer fue viniendo de un muchacho en la preparatoria. Sus fundamentos fueron que éramos nosotras quienes vivíamos en una constante competencia y críticas por excelencia. Cuando escuché eso me sentí indignada pero no dije nada…y vaya que me arrepiento. No dije nada no porque no tuviera nada que decir o porque fuera un tema desconocido para mi, pues para ése entonces ya había comenzado a formar mi camino feminista, si no hablé fue porque una parte de mi creyó que sería mejor ignorar lo que acababa de escuchar y seguir adelante, pues, aparentemente, aquello no me estaba afectando a mi. 

Antes de concluir con mis estudios en ese lugar, me metí en un problema sin yo estar enterada, por primera vez en mi vida, 17 años, y ¡BUM!, estaba metida en chismes, recibí mensajes amenazantes, fuertes y groseros. Me llamaban zorra, fea, me hacían amenazas y de más… y luego lo supe.

Una chica, a la cual me estaré refiriendo bajo el seudónimo de María, escuchó lo que quería escuchar. A María su novio le dijo que yo lo conocí años atrás y que habíamos salido (cosa que nunca pasó) y que yo lo seguía buscando. María y sus amigas comenzaron a verme como amenaza a raíz de una mentira. 

La razón de aquella farsa que se había encargado de divulgar este sujeto, no fue que me haya negado a salir con él, fue haberlo desafiado, haber osado rechazar una invitación de alguien con el ego por los cielos y una falsa confianza cuyos ideales se mueven a través de su inestable y tergiversada masculinidad; y, claro está, en su entendimiento la mejor arma contra una mujer era otra mujer. 

¿Es esto cierto?
Con evidencia anecdótica y una amplia documentación me siento obligada, después de no haber dicho nada hace años, a decir que esto es totalmente falso. 

Cada que veo riñas entre chicas son provocadas por externos, incluso muchas de las veces he visto cómo se destruyen amistades de años. Carole King, en su canción Where you lead escribió: 

‘’Where you lead, I will follow

Anywhere that you tell me to

If you need, you need me to be with you

I will follow where you lead’’

‘’Adonde vayas, yo te seguiré

En cualquier lugar que me digas

Si necesitas, necesitas que yo esté contigo.

Te seguiré a donde vayas’’

¿Sabías que esta letra fue declarada por la misma autora como feminista?…

El peor enemigo de una mujer no es otra mujer. Son aquellos quienes lo piensan, lo fomenta, lo llevan a la práctica, y aún así navegan con bandera de aliados. 

Hoy en día, tengo la suerte de rodearme de mujeres extraordinarias, con hambre de aprender, de crecer, de vivir, de explotar sus capacidades, y con la intención de ser la amiga incondicional, la hermana que muchas no tuvimos, o la persona que siempre estará ahí para celebrar tus logros. Porque las personas que me hicieron creer durante mucho tiempo que mis iguales eran mis enemigos no querían que supiera la fuerza que tenemos y el apoyo incondicional que se brinda cuando logras abrir tu panorama y darte la oportunidad de conocer la otra cara de la moneda: la verdad. 

Sororidad, es la bandera con la que nosotras debemos navegar. La hermandad entre mujeres que luchan por acabar con las injusticias de género. Vivimos en una sociedad patriarcal. Si no somos nosotras…¿entonces quién?.

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